De la economía plateada a la economía de la longevidad: una oportunidad histórica para Chile y América Latina
27 de Agosto de 2025

Por Carlos Román, director ejecutivo de SeniorLab UC.
El mundo enfrenta un acelerado proceso de envejecimiento poblacional que está transformando las estructuras demográficas y económicas. En América Latina y el Caribe, el porcentaje de personas mayores de 60 años aumentó de 13% en 2022 a una proyección de 16% para 2030, y podría alcanzar un total de más de 190 millones de personas hacia 2050, según datos de la CEPAL.
Chile es un ejemplo particular: hoy cerca de un 20% de la población tiene 60 años o más y se estima que llegue a un tercio para 2050, según cifras del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo. Este cambio demográfico conlleva desafíos y oportunidades sin precedentes que urge atender, debido a que el envejecimiento ocurre en un contexto de desigualdades persistentes. No se trata solo de envejecer más, sino de envejecer mejor.
Durante los últimos años se ha utilizado el concepto de economía plateada para referirse al mercado y actividades económicas ligadas a las personas mayores, concepto que tiene un enfoque sobre consumidores mayores con necesidades que deben ser atendidas. Sin embargo, hoy resulta más pertinente hablar de economía de la longevidad, un concepto mucho más amplio, que aborda las nuevas posibilidades que surgen debido a una mayor expectativa de vida, promoviendo la integración intergeneracional y una visión optimista del envejecimiento. Desde mi experiencia en SeniorLab UC, creo que avanzar hacia este concepto requiere más que solo cambiar el término: implica cambiar el enfoque, el lenguaje y las prácticas.
Una economía de la longevidad reconoce que las personas mayores no solo consumen, también producen. En Chile, el 13% de las personas ocupadas tiene 60 años o más, y cerca del 23% de quienes ya están en edad de jubilación, siguen trabajando formalmente. Muchas personas mayores están emprendiendo, especialmente en sectores informales o por cuenta propia, lo que exige un entorno institucional que facilite estos procesos con acceso a financiamiento, capacitación y redes.
El trabajo formal sigue siendo una excepción para las personas mayores, y como país se requiere avanzar hacia modelos de inclusión laboral sostenibles. La OIT y la CEPAL han destacado la necesidad de marcos normativos que promuevan un envejecimiento activo en el mercado laboral, reconociendo el trabajo como un derecho y no como una imposición ante la precariedad económica.
Abordar la longevidad con un enfoque de derechos implica cambiar el paradigma y promover la participación plena y significativa de las personas mayores en todos los ámbitos de la vida.
No basta con vivir más años, es necesario vivirlos con calidad. La economía de la longevidad plantea la necesidad de preparar a las personas desde etapas tempranas de la vida para llegar a la vejez en condiciones óptimas de salud física, mental y económica. Esto requiere políticas de envejecimiento saludable, acceso oportuno a servicios preventivos, infraestructura adaptada y estrategias para promover la autovalencia. Esta economía ofrece un marco estratégico para articular prevención, bienestar y autonomía como prioridades del desarrollo sostenible.
Chile está envejeciendo, y cómo enfrentemos hoy este fenómeno definirá cómo lo viviremos a futuro. Apostar por la economía de la longevidad no sólo permite revalorizar a las personas mayores, sino también construir una sociedad más resiliente, cohesionada y justa para todas las edades.
Esto exige acción coordinada entre múltiples sectores —salud, trabajo, educación, vivienda, cultura, tecnología— y, sobre todo, la participación activa de las personas mayores en el diseño de las políticas que las afectan. No se trata solo de una estrategia multisectorial, sino también intergeneracional, donde el diálogo y la colaboración entre generaciones enriquezcan las decisiones públicas, económicas y culturales.
La economía de la longevidad es una necesidad estructural para enfrentar un mundo con más años vividos. Invertir hoy en un ecosistema que valore la experiencia, fomente la participación activa y reduzca las brechas en salud y seguridad económica será la clave para sostener la innovación, el bienestar y la productividad en el largo plazo.
El futuro será sostenible solo si lo construimos con todas las generaciones. Las personas mayores no son un capítulo cerrado, sino una fuerza activa que puede nutrir, sostener y enriquecer el presente.